REVOLUCIÓN

 

En estos días pasados no sé si es que he tenido una revelación o simplemente se me ha encendido la bombilla, imagino que de tanto recalentamiento anterior, me he dado cuenta de que aplicar el estilo incendiario fruto de ese fuego interior que se enciende cuando te cruzas con la injusticia, pudiera ser un error temerario por muchos motivos.

He llegado a la conclusión de que no es posible reconducir el actual sistema político, porque en realidad no existe. Solo es un texto, con unas formulaciones teóricas que tienen un carácter meramente instrumental para los que ejercen su control, que son “el problema” en sí. No se conseguiría mejorar la situación modificando las estructuras usando los viejos materiales. Aunque reuniésemos a todos los sabios y les pidiésemos que nos hiciesen una constitución, leyes, reglamentos y ordenanzas de nada serviría, si los mismos políticos, jueces, banqueros, sindicatos y empresarios que manejan el actual cotarro, o incluso otros diferentes, lo pudiesen manejar, porque el problema más que de estructuras es ético y moral de la propia sociedad.

Somos una sociedad moralmente enferma que ha empezado a despertarse y refunfuñar cuando ha empezado a sentir en sus carnes lo mismo que durante muchas décadas ha visto cómodamente sentado frente al televisor con un vaso en la mano, esperando a que acabe el dichoso informativo y empiece el programa  de “telebasura”, con el que seguir involucionando un poco más como especie cada día.

Los recién despiertos e indignados se sentían parte integrante del primer mundo, mirando por encima del hombro a quienes lo estaban pasando mal desde siempre y sin esperanza de que sus crisis tuviesen jamás final. Ahora vemos las orejas al lobo y nos indignamos, pero pidiendo que alguien venga y lo solucione. Estamos tan moralmente depauperados que ya no nos mueve ni nuestra propia supervivencia. Que algunos “idealistas” hagan la revolución que quite a los malos para que podamos seguir cómodamente sentados ante nuestra pantalla de televisión extra grande de alta definición gritando aquello de… ¡Goooooooooool de Inhiesta!

Otros, frente al atropello, empiezan a calentar los fogones de la lucha armada, pero, si pensamos fríamente sobre el asunto, ¿Por quién o quienes luchar? ¿Por una sociedad que más que curarse lo que necesitaría es una mano piadosa que acabe con esa forma degenerada de existencia? No vale lo que una gota de sangre derramada en todo su conjunto. Una revolución se hace con el pueblo, codo con codo, sin reservas. No pueden hacer la revolución un puñado de idealistas mientras “el pueblo” se queda a verla por la televisión comiendo palomitas y tomándose unas birras.

A lo único que conduciría lanzarse a la lucha armada es a convertir el idealismo revolucionario en una forma de terrorismo que no traería la revolución sino que generaría aún más represión. Es más, sospecho que pronto pudiese empezar a suceder algo en este sentido, pero más que en las filas de la insurrección yo buscaría sus orígenes en las propias cloacas del Estado, que empieza a necesitar justificaciones para apretarnos el collar alrededor del cuello.

Antes de dejarse embarcar en aventuras más que dudosas los que se sientan tentados de ello, que piensen si pueden alcanzar realmente algún objetivo revolucionario con el mero respaldo de “semejante pueblo”. En realidad la mayoría de ese rebaño solamente quiere ganar más dinero, acumular juguetitos tecnológicos, conducir “bugas” fardones y poder irse de vacaciones a lugares donde lo que él se gasta en una semana es el total de ingresos de toda una familia durante un año.

La verdad es que no se puede ir a una barricada con semejante respaldo. A veces nos engañamos queriendo ver un revivir de revolución cuando en algunas fechas vemos las avenidas y plazas llenas de manifestantes o esos campamentos ciudadanos al calor del 15-M dónde encontrabas a mucha gente idealista, y también a mucho curioso, pero, ¿Dónde están los cinco millones de parados y sus familias? ¿Dónde están los estudiantes universitarios que se han quedado sin becas de investigación a mitad de su carrera? ¿Dónde están los padres de esos estudiantes que han invertido una media de ochenta mil euros o más en su formación y que les van a contratar sin derecho a paro por setecientos euros al mes? ¿Dónde están los funcionarios públicos que han sufrido brutales recortes? ¿Dónde están los trabajadores cuya vida laboral en ingresos se precariza? A mí me falta mucha gente en las filas de la insurrección como para poder llamarla así. A lo sumo descontento porque ímpetu revolucionario, lo que se dice revolucionario, yo no lo veo.

 

Las revoluciones nacen de una utopía, de un proceso poético y romántico que se traduce en un ansia de renovación social y política. Las revoluciones no nacen del materialismo, de unos pocos billetes más a fin de mes, eso es mero descontento que en cuanto el poder abra el grifo un poco y comparta lo que para sí acapara este desaparece y la revolución se quedaría en cosa de unos pocos idealistas utópicos. No es justo que los únicos ejemplares sanos de esta sociedad decadente y hedonista se sacrifiquen arriesgando su vida y su libertad por una masa de ovejas que lo único que anhela es a que les dejen un poco más de lana cuando llegue el esquilador. ¡No es justo ni deseable!

Sin embargo es necesaria una revolución, pero una revolución cuyo objetivo no sea tanto derribar el sistema, como acabar con la apatía moral que le sustenta. Observaréis que no he cargado tanto las tintas contra esa colección psicópatas que manejan el sistema, sino contra quienes consienten que eso suceda dejándose saquear, humillar, violar y reducir al estado de ser una cosa. Sin esa naturaleza cobarde de animal estabulado que tiene el español medio, jamás lo podrían ni tan siquiera soñar. El mayor acto revolucionario consiste en despertar y rearmar moral y éticamente al pueblo. En cuanto esto se hubiese conseguido, aunque no lo fuese en su totalidad pero si en un porcentaje realmente significativo, apenas llegaría a alcanzar la vista la polvareda que levantarían los que ahora controlan el sistema, en su huida.

No creo que sustituir este sistema complejamente estructurado por otro dotado de similar complejidad sea ninguna solución si no eliminamos antes otra cosa que es la corruptibilidad. Cualquier sistema, siempre que existan elementos externos al mismo con poder y recursos suficientes como para corromper a cualquiera de los poderes que queramos crear (ejecutivo, legislativo, judicial) incluidos aquellos que sin tener la consideración de tales forman parte del mismo como la prensa y medios de comunicación y generadores de opinión, será corrompido irremediablemente. Si dejamos que existan “Lobbys” financieros, bancarios, empresariales, religiosos, etc, el sistema político volverá a ser controlado de nuevo por gente corrompida que abusará del mandato representativo otra vez…. En ese caso, el cambio revolucionario nos dejaría aparcados en una calle paralela que siempre conduce a la misma glorieta donde seguiríamos dando vueltas como antes.

Se impone acabar con esta oda salvaje al materialismo mas exacerbado, que es ese capitalismo antihumano ideado por mentes monstruosas como Milton Friedman y sus cómplices de la Escuela de Chicago. Hemos dejado que los sectores más estratégicos sean arrebatados de las manos públicas para ser entregados a una secta de especuladores internacionales sin salvarse ni tan siquiera el elemento más básico para la vida que es el agua. Se impone un sistema radicalmente distinto donde un mandato representativo no sea un cheque en blanco por cuatro años. Se impone la abolición de la “propiedad privada” en los sectores estratégicos y primarios de la sociedad. No es de recibo que se paguen miserias a los agricultores y el precio de ese producto en el mercado se multiplique por cien. Tampoco es de recibo que se cultiven productos subvencionados que van a ser quemados por una política de excedentes. Tampoco es asumible el nivel de despilfarro, no ya institucional sino incluso personal, que no se traduce en un mayor bienestar sino en una mayor alienación… como desgraciadamente hemos comprobado a lo largo de estos últimos años de frenesí consumista. Se impone otro modelo productivo radicalmente distinto, el actual desequilibrio que se pretende acentuar a niveles del Siglo XIX es inaceptable. Necesitamos un tipo de sociedad en la que el pueblo mantenga siempre la sartén cogida por el mango. Una sociedad, unas instituciones y unas empresas  más autogestionarias. Dirán que eso no funcionaría, que es algo utópico, pero yo siempre pregunto… ¿Quiénes lo dicen? Pues sencillamente… ¡Quienes más las temen!

Lo verdaderamente revolucionario y perentorio no es quemar contenedores o liarse a palos con la policía, que no dejan de ser unos pobres tipos afectados del mismo mal que el resto del rebaño. Lo realmente revolucionario es despertar y educar al pueblo enseñándole que es portador de valores y derechos de los que no puede en ningún caso abdicar ni hacer cesión alguna y que jamás prescriben.  Hay que sentar cátedra y hacer ver a todos que otra realidad es no solo posible, sino imprescindible y urgente.

 

José Antonio Osorio Rodríguez.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a REVOLUCIÓN

  1. lfpocopelo dijo:

    Totalmente de acuerdo. Pero, ¿cómo desenganchamos a una sociedad mayoritariamente mediatizada por la tele, por el dinero rápido, proceda de donde proceda, sin valores elementales?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s