Un viejo relato recuperado del recuerdo… La KDD

Eran las 08 de la mañana y el despertador empezó a sonar con estridente zumbido, tan estridente como inútil, por que José había pasado toda la noche en vela dando vueltas en la cama sin poder dormir, hoy era el gran día, que llevaba esperando desde hacía 2 semanas. Por fin iba asistir a su primera KDD con los colegas del IRC en Madrid y conocería en persona aquellos NICKS sin rostro de los que ignoraba hasta su voz pero que conocía desde hace 6 meses en que empezó a adentrarse en ese mundillo de los CHATS. Allí después de deambular por distintos canales acabó entrando por casualidad en uno con no demasiada gente pero cuyo ambiente le gustó. Encontró personajes de las más diversas cataduras y entre ellos a un grupito con el que sintonizó rápidamente y con los que se encontraba especialmente a gusto. De hecho se le pasaban las noches hasta bien entrada la madrugada chateando con ellos sin acordarse ni de la hora que era, ¡El tiempo se le pasaba volando!. Allí “conoció” a una mujer, o mejor dicho, a un NICK con la que se pasaba las horas en “privados” contándole cosas que no contaba ni a sus amigos más íntimos ni a su familia, intercambiando ideas y pensamientos, estableciendo complicidades, sin percatarse de que poco a poco, casi inadvertidamente, empezaba a sentir algo por aquella persona de la que no conocía ni su rostro, ni su voz. Con el tiempo intercambiaron fotos y más sentimientos, hasta que se dio cuenta de que verdaderamente le importaban las cosas que le sucedían a su amiga de estos meses atrás. Es mas, se dio cuenta de que se estaba enamorando de un NICK y una dirección de correo electrónico. Nadie entendería esa relación si decidiera contárselo a su familia o a sus amigos, seguro que pensaría que se había vuelto loco, él mismo lo pensaba a veces y se prometía abandonar lo que empezaba a parecerle una especie de patología insana y compulsiva por el chat. Circulaban por la red historias para todos los gustos de personas que habían tenido malos rollos y se habían visto envueltos en situaciones comprometidas con personajes que conocieron en el IRC, y esto le preocupaba, pero estaba seguro de no equivocarse, o al menos intentaba convencerse de que este no era el caso. Además para él este era el gran día en que conocería en persona a esa mujer por la que sentía algo que si no era amor se le debería aproximar bastante. ¡Tenía que ir fuese como fuese!.

A esa misma hora Martina empezaba a despertarse, tenía muchas cosas que hacer, entre ellas ir a la peluquería, y a la boutique para escoger un modelito para la cena de esa noche con los colegas del canal de IRC que habían acordado hacer una KDD en Madrid para conocerse. Venían de los 4 puntos cardinales para estar juntos y dejar de ser NICKS anónimos en una pantalla de ordenador, pero había uno que llevaba meses trayéndola de cabeza. La cosa había empezado de una manera bastante banal: Mucho jajaja, mucho XD, y muchas trivialidades hasta que poco a poco se fue enganchando con él intercambiando pensamientos e ideas, descubriendo que tenían muchas cosas en común. De ahí se pasó al intercambio de los sentimientos más profundos y las confesiones más personales, que no compartía ni con sus más íntimos. Se resistía a creerlo, pero se había enamorado de alguien a quién no conocía personalmente. Y hoy era el día, el gran día, en que descubriría a su amado y deseado “nick”. Su familia se marchó de fin de semana y no volvería hasta mañana, con lo que se ahorraría tener que entrar en explicaciones que ella misma no era capaz de dar.

José terminó de desayunar y enfundado en su traje de cuero se dirigió al garaje dónde le esperaba su segundo gran amor. Su nueva adquisición le esperaba con su vistoso carenado esperando sentir el contacto de su cuerpo y darle todas las sensaciones que esperaba de ella. José miró su nueva moto, le parecía aún más imponente que cuando la vio en el concesionario y se prendó de sus insinuantes curvas. ¡Fue un verdadero flechazo!, en seguida que la vio supo que era para él. Sintió su tacto antes de enfundarse los guantes y ajustarse el casco integral. Tenía por delante casi 600 Km. para compartir con ella y disfrutar de la exuberante potencia que anunciaba su ficha técnica. Era una excelente ocasión para probarla a fondo tras sacarla el día anterior del concesionario para llevarla al garaje que sería su nuevo hogar. José dio el contacto y la deportiva que le correspondió con un sonido ronco y poderoso de máquina perfecta. Metió la primera velocidad y empezó a moverse suavemente para salir del garaje rumbo a Madrid.

José estaba entusiasmado con su nueva adquisición, era todo nobleza de reacciones, respondía a las insinuaciones de su piloto como si leyera su mente. Aceleraba y corría como el no lo había hecho nunca, las rectas de la autovía resultaban cortas. En las curvas la moto trazaba con toda limpieza y finura para a la salida lanzarse disparada hasta la siguiente curva en un verdadero éxtasis de sensaciones que hacían que la adrenalina de José se disparase a niveles hasta entonces nunca alcanzados. En su mente había en ese instante dos amores, uno por aquella mujer a la que por fin iba a conocer, y otro por la montura que pilotaba y que le prometía las mayores satisfacciones.

Martina había pasado la treintena, pero parecía una adolescente ilusionada, a la que las horas se le hacían demasiado largas esperando el momento de la KDD para conocer por fin a José. Escogió lo que iba a ponerse y el perfume que usaría. Quería estar radiante aquella noche para él. Soñaba despierta como una colegiala historias de amor que protagonizaría junto a su novio del IRC y se imaginaba a sí misma como la heroína de aquellas novelas románticas de su adolescencia.

José circulaba por la autovía a lomos de su novia mecánica sin poder dejar de pensar en Martina, que hoy iba a dejar de ser un “nick” en el monitor de su ordenador para convertirse en un ser de carne y hueso con la que soñaba aventuras y viajes que emprendería con ella a la grupa de su motocicleta sintiendo el contacto de ambas. Estaba soñando despierto, y aceleraba cada vez mas deseando acortar la distancia y el tiempo que aun le separaba de aquella mujer que le había calado tan hondo aún antes de conocerla, y con la que había desnudado su alma y compartido confidencias que no había compartido antes con nadie. Se acercaba a una curva, e inclinó la moto trazando la trayectoria con precisión, cuando una mancha de gasoil, seguramente perdido por algún camión, hizo derrapar la moto a mas de 240 Km. por hora. José vio como se iba descontroladamente contra el guardarrail que se acercaba a velocidad de vértigo sin poder hacer nada por evitarlo. Cuándo impactó con su cuerpo contra la dura y fría superficie de metal vio como un fogonazo deslumbrador, y después ¡Nada!… solo la oscuridad y el silencio.

Era la hora de la KDD, y todos fueron llegando y presentándose. Martina estaba resplandeciente, esperaba a José que por fin dejaría de ser una línea de texto a continuación de un “nick” en la pantalla, pero no llegaba. Habían empezado a cenar y aún tenía la esperanza de que apareciera. ¿Se habría perdido por Madrid?, ¿Sabrá encontrar el sitio?. Intentó llamarle a su teléfono móvil, pero una anodina voz pregrabada le decía insistentemente que el abonado no estaba disponible o se encontraba fuera de cobertura remitiéndole a su buzón de voz. La reunión estaba bastante animada, pero Martina se encontraba completamente ausente, estaba dolida con José por haberla plantado aquél día en el que volvió a sentir igual que cuando tenía 16 años. No le perdonaría esto jamás, y se prometió que no volvería a caer en otro error semejante, de echo había decidido no volver a chatear mas, no soportaría otra desilusión semejante. ¡Se odiaba a sí misma por haber sido tan ingenua y creer en cuentos de hadas!. Pensó que había sido objeto de burla por parte de un tipejo que jugó con sus sentimientos desde la impunidad que da el anonimato de un NICK.
La reunión terminó y todos volvieron a sus casas. Aquella noche Martina lloró de rabia consigo misma, hasta que el cansancio la rindió. A la mañana siguiente llegó su familia y le preguntaron si le pasó algo, la notaban como ausente. Mientras comían, el televisor estaba dando las noticias, en particular las cifras de siniestralidad del fin de semana en la carretera, al tiempo que mostraba las imágenes del aparatoso accidente de una moto en la M-30 que había chocado contra el guardarrail. Alguien comentó… ¡Desde luego el tío debería ir como loco!, ¡A saber en que estaría pensando para irse de esa forma contra el guardarrail!. Martina no dijo nada, su cabeza estaba en otro sitio, estaba pensando en que aquella misma noche buscaría a José por los canales para pedirle explicaciones por dejarla plantada en un día que ella pensaba que sería muy “especial” para los dos, pero quién sabe, quizás el muy cobarde hasta puede que se cambie de “nick” y no de la cara con ella, de hecho, pensó que para ella a partir de ese momento, José estaría muerto para siempre, y se reprocho el haberse dejado llevar, y comportarse como una colegiala estúpida y no como una mujer responsable, que es lo que se debería esperar de ella.

José Antonio Osorio Rodríguez

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