La Historia del San Telmo

  Esto que os voy a relatar es un suceso lúgubre y tétrico,  como un cuento de Edgar Allan  Poe, pero con personajes  reales que una vez existieron, y cuya triste historia a  continuación os relato: Después del desastre de Trafalgar,  la Armada española quedó sin  navíos, justo en el  momento histórico en que más necesitada estaba España  de ellos;  con los territorios americanos en plena  efervescencia y deseos de emancipación de la  metrópoli.  Uno de los más agitados era Perú. No había tiempo para  acometer la  construcción de una nueva flota, y se  compraron, al Zar de Rusia, 12 navíos de guerra.  Ese sería  el destino de uno de ellos, rebautizado como el San  Telmo. Navío de 3 puentes  y fuertemente artillado. Su  casco completamente negro y su elevado castillo le daban  un aire lúgubre que atenazaba el ánimo de los que  componían su dotación. Por todo  Cádiz empezó a correr  la voz de que el San Telmo no era a propósito de esta  expedición.  Los presagios más fatales se sucedían unos a  otros y pocos dudaban en Cádiz de que el  buque tendría  un fin fatal. A pesar de esto el barco, carenado de nuevo y  minuciosamente reconocido por los ingenieros navales,  fue pertrechado y avituallado.  Con una dotación de 1.500  hombres se hizo a la mar bajo un cielo encapotado y  sombrío. El pueblo gaditano sobre las murallas de la  ciudad, contemplaba abatido las maniobras de aparejar y  levar anclas. Todos los que tenían seres queridos a bordo  tenían un triste presagio ¡Ya no los volveremos a ver  más!. Pasaron días, meses y años, y no se volvió a tener  noticias del San Telmo; había desaparecido cual fantasma  entre las brumas del mar. Los tristes presagios se habían cumplido, pero, ¿Cuál había sido el destino del buque negro?.

Pasó el tiempo y el San Telmo se convirtió en leyenda. Una mañana aburrida, paseando entré en una vieja almoneda y rebuscando entre los lotes de libros viejos hallé un volumen perteneciente a un viejo cuaderno de bitácora de un antiguo vapor correo que hizo la ruta de América y encallara en la costa una noche de galerna. Como era realmente poco lo que por él me pedían decidí adquirirlo y me lo llevé a casa para echarle un vistazo. Sin embargo al entrar se me cayo el viejo tomo al suelo, y un legajo que no formaba parte del original apareció ante mi vista. Me puse a ojearlo por curiosidad, y ya no pude dejarlo hasta el final. Aquello era… ¡La verdadera historia del San Telmo! Contada por el capitán del vapor de infausta suerte, y cuyo relato es el siguiente: Habiendo salido del puerto de El Callao con tiempo bonancible, enfilamos rumbo al Cabo de Hornos, una vez remontado este, un frío glacial me despertó en mi camarote. Estaba inquieto y atenazado por una sensación que no podía explicar. Me abrigué y subí al puente de mi barco. El amanecer se presentaba sombrío y a lo lejos, en nuestro mismo rumbo una banda blanquecina llamó inmediatamente mi atención. Le pregunté al piloto ¿Ve usted eso?. Sí, me contestó. Pues de ahí viene este frío atroz. Un banco flotante de hielo, que si mis cálculos no eran erróneos, debería tener mas de una milla de longitud, arrastrada por las corrientes. Maniobré para poner mi buque fuera de su alcance, y una vez clareado el día me dispuse a observarlo con mi catalejo y observamos una masa negra que contrastaba con el blanco del hielo que la aprisionaba. Llenos de curiosidad, manteniendo el barco al pairo, arriamos una chalupa y nos embarcamos el piloto, cuatro marineros y yo.

Próximos al objeto negro pudimos observar con asombro que era el casco de un gran navío casi desarbolado. Tenía 3 puentes y por las abiertas portas asomaban las bocas de los imponentes cañones. Aquel desdichado navío estaba aprisionado en el hielo por su proa, y ocultaba una gran parte de esta. Grande fue nuestro asombro al ver en su popa el escudo de armas de España y debajo del mismo en gruesos caracteres su nombre… San Telmo. El navío permanecía silencioso, era preciso averiguar si su tripulación se había puesto a salvo en las lanchas salvavidas o había perecido a bordo. Trepamos como ágiles ardillas por los cadenotes de la banda de estribor el piloto y yo. Un cadáver ya petrificado estaba acurrucado a la entrada de una espaciosa escalera que conducía al castillo de popa, como única presencia humana en su cubierta. En los entrepuentes sobre los costados, no estaban enganchados los botes, por lo que deduje que la tripulación había intentado ponerse a salvo en ellos, pereciendo víctimas de cualquier tempestad, ya que de haberse salvado alguien, alguna noticia se habría tenido en España. Pero… ¿Qué significaba aquel cadáver allí acurrucado?, ¿Por qué estaba allí aquel hombre?, ¿Por qué no había huido como los demás?. Decidimos desvelar este enigma… En los entrepuentes no hallamos ningún cuerpo. Ropas, enseres y pertrechos revueltos y en desorden daban su crónica de desesperación y espanto de unos hombres en sus últimos momentos. Tras recorrerlos sin hallar la respuesta que buscábamos volvimos a subir a cubierta. Teníamos que visitar aún los camarotes de los oficiales. Todo estaba también allí en revuelta confusión. ¡Que triste abandono y soledad!. En la cámara del capitán nos esperaba una macabra sorpresa; en ella había dos cadáveres: el de un hombre y el de un corpulento perro. No había señales de putrefacción, el frío los conservaba en perfecto estado. El cuerpo que supuse del capitán estaba rígido como una piedra. Aquel imponente casco negro se había convertido en el enorme ataúd de dos cadáveres. De pronto encontré el cuaderno de bitácora del San Telmo: únicamente él podía arrojar alguna luz sobre lo sucedido. Salimos con dicho cuaderno del barco y lo abandonamos ante el peligro de que arreciara el viento y mi buque corriese la misma nefasta suerte del San Telmo. Una vez en mi cámara me dispuse a desvelar su terrible secreto.

  El diario de a bordo escrito por el comandante del San Telmo me sobrecogió el alma. En un estilo lacónico desgranaba los acontecimientos de los últimos días del navío bajo su mando, y a él le cedo la continuación de este relato que transcribo a partir de la fecha del día 24 de Julio: En las proximidades del Cabo de Hornos y tras haber sufrido desde el día 20 los rigores de los temporales perdiéramos gran parte de la arboladura. A eso de las 3 de la madrugada, de forma imprevista, sentimos un fuerte choque que hizo crujir horriblemente al navío el cual había perdido el rumbo y parecía estacionado. Pese a la falta de luz pudimos averiguar que habíamos encallado en un banco de hielo. Tras la lógica alarma decidimos esperar a la luz del día. Día 25: Acabamos de sondar el barco, por fortuna no hacía agua, reconocimos el banco de hielo ¡Es enorme!, Medirá algo mas de una milla de longitud. Cambiamos el aparejo para librarnos de esa inmensa mole blanca, pero nuestros esfuerzos han resultado infructuosos.

El banco de hielo va en dirección sur y enclavados en él seguimos el mismo derrotero que la montaña flotante. Día 26: ¡La situación es la misma!, ¡Los vientos han amainado y sufrimos un frío glacial que nos hiela hasta los huesos!. Hemos botado al mar 3 chalupas con el objeto de que viesen si podían divisar alguna embarcación que nos auxiliara. ¡Las 3 han regresado al oscurecer sin haber visto buque alguno!. Hoy tuvo lugar a bordo una triste ceremonia, cual fue arrojar al mar los cadáveres de dos marineros víctimas del escorbuto. Los cadáveres dentro de dos fuertes sacos de lona y lastrados los pies por pesados lingotes de hierro fueron lanzados al mar, acompañados por las preces del capellán del barco, y en presencia de toda la tripulación que despedía sobrecogida a sus dos desafortunados compañeros. ¡Dios se apiade de sus almas!……

Han transcurrido muchos días, no sé cuantos. ¡No los he contado!, ¿Para qué?. El desaliento se ha apoderado de mí y mi antigua energía ha desaparecido. Es imposible tomar ninguna medida que nos libere de este infierno blanco que nos aprisiona. ¡Pesa sobre nosotros la mano de un amargo destino! …………. La insubordinación enmascarada hasta ahora, se ha quitado la máscara. ¡Mi autoridad es ya solamente un ridículo fantasma! ¡Si pretendiese imponer un castigo a alguno de los más culpables o dictar una orden, sería desobedecido! ………… Sé que pretenden abandonar el navío, alejándose en los botes y embarcando víveres, agua, y algunas armas de fuego. No se ocultan como antes para tratar de su proyecto: hablan de él en voz alta, y delante de mí, como si yo no existiera……. Acabo de intentar mi último esfuerzo para disuadirles de su proyecto poniendo patente lo descabellado del mismo: distamos 300 millas, por lo menos, del Cabo de Hornos, que es el lugar de tierra más cercano. Puedo asegurar que es imposible llegar a tierra en los botes, cruzando esta mar bravía con vientos furiosos. ¡No sirvió de nada!. Intenté apelar a las leyes del honor, pero mis palabras no obtuvieron el menor fruto. Ante esta actitud me negué a embarcar con ellos en los botes. ¡No abandonaré el San Telmo!. Lo confió S.M. a mi lealtad, y sólo lo abandonaré al perder la existencia. ¡Partíd todos, abandonádme en él, y el cielo resolverá lo que ha de ser de mí!. Respecto a poder salvaros, sólo os haré una observación, y es que penséis en la distancia enorme que os separa de la tierra más cercana. Aun con una mar menos inquieta, y vientos más suaves, no podréis llegar a ella, porque los víveres y el agua, especialmente, os faltarán en breve. Me diréis que cualquier barco os podrá recoger a bordo. ¿Estáis seguros de encontrar en estos derroteros tal barco que os auxilie?……..

  ¡Nada conseguí con ello!. Me encerré en mi cámara con mi perro oyendo el alboroto de la carga de las lanchas. Poco después la agitación cesó por completo: ¡Habían partido!…… Me encontraba solo con la única compañía de mi fiel perro Diógenes que me acompañaba siempre desde que era un cachorro, y que me miraba fijamente, como si pretendiese adivinar en mi semblante el motivo de la pena que este reflejaba. ¡Pobre perro, inseparable compañero y amigo!……… Han llamado a la puerta de mi cámara. Di un salto y Diógenes gruñó. ¿Quién podría ser?, ¿No me había quedado solo?… Abrí la puerta y mi alegría fue enorme al ver a D. Matías, condestable de artillería y hombre de irreprochable conducta. Me saludó militarmente y dijo que iba a ponerse a mis órdenes. Sentí un gran alivio en el corazón al saber que no estaba completamente solo en este desierto de hielo. Don Matías me dijo que los insubordinados nos habían dejado vituallas para dos meses. Durante dos meses pueden suceder muchas cosas: puede acercársenos un buque que nos dé auxilio…../….. Ha empezado a soplar un viento furioso, acompañado de una copiosa nevada. ¡El frío es insoportable!. Subí a cubierta con un catalejo acordándome de los que acababan de partir. Casi no pude distinguirlos entre el embravecido mar, donde las atestadas lanchas apenas podían mantenerse a flote. ¡Su situación era crítica!, Me parece totalmente imposible que puedan llegar a ver la luz del nuevo día…../…. Han pasado ya 2 meses desde aquel día en que no he vuelto a ver a mi tripulación. El buen condestable y yo estamos en tal estado de penuria que apenas nos quedan víveres para 3 días. Acabamos de divisar un buque de alto bordo, que navega con dirección hacia el este. D. Tomás disparó uno tras otro dos cañonazos, pidiendo auxilio, y el buque pasó de largo. ¡Es imposible que no hubiese oído nuestras salvas!. Abandonados a nuestra suerte en este infierno blanco a bordo de este casco negro que navega a impulsos de la fatalidad, estamos destinados a morir miserablemente de hambre y frío. ……/……

  Ultima anotación del cuaderno de bitácora: ¡Ha llegado el término fatal!, ¡Mi pobre  compañero ha muerto!, ¡Hice todo lo posible para salvar su existencia!. Se ha acurrucado  cerca de la escalerilla de popa, y el sueño de la muerte se ha apoderado de él. ¡No he podido  moverlo de aquél sitio!, ¡Estoy tan débil!… ¡Las fuerzas me abandonan y me siento morir!…  Diógenes se arrastra lastimosamente. Le he arrojado mi último pedazo de galleta: se ha  lanzado sobre él con precipitación, y al ver el ansia con que lo devoraba, mis ojos se han  llenado de lágrimas……….. El sueño pesa sobre mis párpados. Sé por experiencia lo que esto  significa. ¡La muerte no tardará en poner fin a esta mísera existencia!. ¡Adiós esperanzas,  adiós tranquilo hogar, adiós soleada Patria y adiós tétrico navío San Telmo, que guardarás  nuestros despojos y serás finalmente de este mar avaro que hace tanto tiempo que reclama ya  su presa!.
Así terminaban, con letra casi ilegible, las últimas anotaciones del capitán del barco negro.  No pude reprimir unas lagrimas por el desafortunado fin de unos compatriotas de los que nada se sabía en España desde que partieran del puerto de Cádiz con tan malos augurios. Cuando tocase puerto español, al menos las familias de la desdichada dotación acabarían con la terrible incertidumbre sobre su ignota suerte.

Esta historia relatada por el capitán del vapor, jamás saldría a la luz. Quizás contagiado por la nefasta suerte del San Telmo, no llegó jamás a tocar puerto. Encalló en la costa una terrible noche de galerna, perdiéndose carga, pasaje y tripulación. Su cuaderno de bitácora quizás fuese parte del botín de los típicos saqueadores de naufragios en las costas y permaneció olvidado hasta que la casualidad lo puso en mis manos para transmitiros a todos vosotros esta terrible historia, de un barco negro y maldito que sirvió de ataúd a sus últimos tripulantes y cuya historia hoy conocéis….. ¡Descansen en paz!.

José Antonio Osorio Rodríguez

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Relatos cortos. Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a La Historia del San Telmo

  1. juan dijo:

    Perdona que te corrija pero según veo en otras publicaciones el San Telmo se construyó en El Ferrol, no era ruso. Y la compra a Rusia fueron cinco barcos, no doce. Bueno, yo no soy nadie para corregir, es lo que leo en otras páginas especializadas. Un saludo.

    • Perdona la tardanza. Cierto que se construyo en Esteiro, pero pese al título, la historia es ficción, no intentaba en ningún momento hacer historia, apenas literatura tomando como base la desaparición del San Telmo. ¡Gracias por tu comentario y un abrazo!

      José Antonio.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s