Los intereses occidentales y Libia

Madrid, 1 de abril de 2011. José Antonio Osorio Rodríguez , redaccion opiniondigital.esjoseantonio@opiniondigital.es

¿Cual es el verdadero origen del conflicto Libio?, ¿A quienes obedecen y benefician los gobiernos de occidente?, ¿Que papel está jugando la NATO en este conflicto., ¿Zona de exclusión aérea?. Se vá mucho mas allá del mandato de la ONU.

Reflexiones…

Después de darle unas cuantas vueltas a todo este asunto, creo que la clave está en que vivimos engullendo la basura que, desde los medios de masas y las élites políticas y económicas, nos quieren hacer creer.

Como inventores del “marketing” que son, nos han vendido una imagen tan estereotipada como falsa de lo que es el pueblo árabe. Lo peor de todo es que nos hemos dejado convencer de que los “intereses occidentales” son también los “intereses de LOS occidentales”.

Podemos afirmar que ello es falso y una manifiesta manipulación, de la que ya deberíamos todos de ser conscientes desde el mismo momento en que lo constatamos en nuestras propias carnes.

Estamos viviendo una situación en la que la clase política occidental y la española en particular, independientemente de la supuesta ideología que aparentan defender, obedecen únicamente a los dictados de una especie de ente abstracto al que llaman “los mercados”, y que se nos ha revelado como la principal religión imperante hasta ahora en el mundo, que no es otra que la versión actualizada, corregida y aumentada del referente bíblico del “Becerro de Oro”, al que adoran y protegen sobre y ante todo.

Obedeciendo a los dictados de las élites económicas y financieras globales, que ejercen el sumo sacerdocio de esta religión tan oscura como sectaria, sus fieles vicarios en las élites políticas obran con hostilidad hacia los pueblos –a los que se supone tienen el compromiso de servir-, engañándolos y manipulándolos para hacerles creer que los intereses de las “élites globales”, a quienes sirven, son los del pueblo.

En Túnez primero -que actuó como precursor-,  después en Egipto y ahora en Libia, los occidentales hemos recibido una lección que sería muy triste y penoso que desaprovechásemos. Hemos visto a un pueblo (musulmanes y cristianos) en Egipto que, independientemente de sus creencias y por encima de cualquier otra diferencia que lo pudiera separar, haciendo alarde de su humanidad, ha levantado sus plegarias uniendo sus manos en paz, en un afán de libertad y justicia, que no son otra cosa distinta que la manifestación en el plano material de parte del Plan Divino para el ser humano.

Las élites políticas occidentales, una vez más, dieron la talla de sí mismas apoyando a un dictador como Mubarak, en contra de la misma libertad y democracia de la que habitualmente se les llena la boca. Empezaron desconcertados por unos acontecimientos que, probablemente, si no les pillaron por sorpresa, al menos el transcurso de los mismos se apartó de lo que habían previsto. No cabe duda de que empezaron a entonar todos la misma canción en cuanto llegó el edicto del Sanedrín del culto al “Becerro de Oro” a sus vicarías de occidente.

Ahora se hacen los “desconcertados” ante el ¿genocidio del pueblo libio? mientras se crea una  una “zona de exclusión aérea” que no es tal, ya que no se patrulla para impedir que despeguen en misiones de bombardeo las aeronaves bajo el control de Gadafi, sino que se ataca a unidades de tierra ofreciendo apoyo táctico  por parte de la NATO a los rebeldes libios al eliminar las columnas de blindados pro gubernamentales. Con ello, se excede con mucho el concepto de “zona de exclusión aérea” para apoyar a una de las facciones en litigio. Hasta que hace un año por estas fechas ese reyezuelo norteafricano que ahora atenta de forma sanguinaria contra su propio pueblo se le recibía en La Zarzuela a “cuerpo de rey” y tuvo la poco mesurada idéa de anunciar que pretendía nacionalizar a las compañías petroleras occidentales que operan en Libia. ¡Ahí la cagó!.

Probablemente el origen de esta revuelta contra Gadafi tenga un origen y componente espúreo movido por el interés de las patroleras, a las que los gobiernos obedecen mansamente plegándose a los intereses de los cárteles del oro negro(el movimiento rebelde enarbola la bandera monárquica y el derrocado Idris, lacayo de occidente se apresta a volver al trono). ¿Se puede caer mas bajo?, ¿Se puede sentir uno mas avergonzado de pertenecer a una sociedad occidental que está profundamente podrida como esta?. No digo que Gadafi sea trigo limpio, de hecho algunos íntimos colaboradores de antaño y ahora desafectos, indican que lo de Lockerbie fué iniciativa suya y probablemente así fuese, pero eso no le importaba a nadie en las cancillerías occidentales mientras el petroleo libio fluía y enriquecía a unos pocos, compartiendo “jaima” con el reyezuelo norteafricano.

Les viene bien a sus intereses una guerra civil que obligue a la “toma de control” de la zona y a una radicalización violenta que se extendiese por todo el mundo árabe y que justificase una nueva “guerra fría” que afianzase su omnímodo poder, con la excusa de defendernos de la misma inseguridad que conscientemente han provocado. En libia quieren una guerra civil y la van a conseguir sobre montañas de cadáveres.

¿Vamos a seguir anestesiados en nuestra conciencia, dejando que la oscuridad obre libremente a través de sus siervos o vamos a tomar las riendas de nuestras vidas y rebelarnos contra los que, en realidad, nunca nos han representado ni han pretendido otro beneficio que el suyo? ¿Vamos a dejar que “en nuestro nombre” se condene a nuestros hermanos, el pueblo libio, a laguerra, el dolor y la injusticia por nuestra pasividad?.

Ha llegado el momento de despertarnos de la anestesia en que vivimos en occidente y de empezar a movernos exigiendo que todos y cada uno de los actos de las estructuras de poder occidentales obedezcan a unos principios éticos realmente humanistas y fraternales o, en su caso, removerlas, si pretendemos que las palabras libertad, justicia y fraternidad sean algo más que simples acepciones en el diccionario. Es nuestra oportunidad para demostrar que, pese a la impudicia de los gobiernos, existe en los pueblos de occidente la suficiente humanidad como para tener la decencia de cambiar aquello que nos hace esclavos de la oscuridad y nos denigra con nuestra pasividad.

 

 

 

 

José Antonio Osorio Rodríguez.

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